Por desgracia, yo no siempre he sido así. En mi infancia/pubertad, hacía las cosas sin saber el por qué, sin reflexionar acerca de las acciones y sus consecuencias. Quizá a mucha gente no le guste como soy, pero yo no intento que les guste. Simplemente actúo como soy, sin hipocresía alguna. No voy aparentando, y eso en esta cultura de mirar por encima del hombro a los demás, hace que no resulte simpático hacia esos individuos. Y esa razón me hace reafirmar aún mas si cabe mi posición. En mi infancia hacía lo políticamente correcto, sin pararme a pensar, por ejemplo, por que debía estar subordinado a una iglesia o a unos reyes que son nuestros líderes por ser de determinada familia, siendo de carne y hueso como yo. En mi temprana adolescencia, la pubertad podríamos llamarla, hacía lo políticamente incorrecto, sin pararme a pensar en las consecuencias. Se podía resumir en que hacía totalmente lo contrario que en mi infancia. Un rebelde simplemente por ser respetado. Pienso que de un par de años hasta ahora, he encontrado el equilibrio, el yin-yang que necesitaba durante todos estos años. No hago ni lo politicamente correcto, ni lo incorrecto: Actúo por mi propio instinto. No dejo que nadie me domine, pero eso sí, yo tampoco domino a nadie. Respeto mientras soy respetado. Tengo mi propia e insobornable personalidad y dignidad, y ese hecho, tan sencillo pero tan complicado a la vez, me hace tener el desarrollo moral más alto. Me explico: Hay una teoría, que me fascinó desde el día que la conocí: La teoría de Lawrence Kolberg. Se puede resumir en que la moral consta de tres niveles:
El inferior o preconvencional: que es típico de los niños, y consiste en hacer las cosas bien por temor a las represalias, por sacar un beneficio, en definitiva, por egoísmo.
El mediano o convencional: que consiste en hacer las cosas bien por estar así escrito en las normas, en los dogmas, sin pararse mucho a pensar el por qué.
El superior o postconvencional: Consiste en hacer las cosas bien por los derechos inalienables de cada persona solamente por haber nacido, y por los valores y principios que se tienen.
Creo que en mis anteriores años mi desarrollo moral fue el convencional, y puede que el preconvencional, pero ahora tengo mi personalidad y mis principios. Y gracias a ellos he podido llegar al nivel postconvencional, sin prejuicios, y sin regirme por la opinión de la mayoría y mucho menos por las modas. No ha sido de un día para otro este cambio, pero si lo hubiera sido, me hubiera despedido de mi antiguo yo con un "Hasta nunca".
Saludos
jueves, 2 de agosto de 2007
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